Patrimonio Cultural Inmaterial

Antecedentes históricos

El Patrimonio Cultural Inmaterial las tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes. El reconocimiento oficial a nivel internacional de la importancia de los bienes culturales inmateriales arranca en 1950, cuando el Gobierno de Japón nombró «tesoros nacionales vivientes» a quienes poseían ciertos conocimientos, destrezas y técnicas, esenciales para la continuidad de las manifestaciones de la cultura tradicional del país.

Durante los años setenta del siglo XX se produjeron varias iniciativas para la protección y el conocimiento de las lenguas africanas y sus tradiciones orales, si bien el patrimonio inmaterial no se incluyó explícitamente en la Convención del patrimonio mundial, cultural y natural de 1972. La declaración de México, de 1982, vino a redefinir el término patrimonio cultural, incluyendo en la definición elementos tanto materiales como intangibles.

En 1999, la propia UNESCO puso en marcha el programa «Obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad», invitando a los países a presentar sus candidaturas en un total de diecinueve formas o categorías de expresión cultural. En 2001, de nuevo la UNESCO, convertida en adalid mundial de la defensa del patrimonio cultural inmaterial, publicó la «Declaración universal sobre la diversidad cultural».

Salvaguardia


Se entiende por salvaguardia de las manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial las medidas encaminadas a crear condiciones para la sostenibilidad de dicho patrimonio en el tiempo, a partir de la identificación, el conocimiento, la sensibilización, la divulgación y el respeto a la tradición.
En consecuencia, la salvaguardia es un compromiso que se debe traducir en políticas públicas, campañas de sensibilización, acuerdos interinstitucionales, recursos económicos, alianzas sociales, instrumentos legales, proyectos encaminados a desarrollar emprendimiento cultural e iniciativas de impulso al turismo cultural, entre otros, que respondan a las necesidades de las comunidades, al tiempo que permitan contrarrestar la intolerancia, la discriminación y la explotación social y económica de las diferentes sociedades que hacen de Colombia una nación pluriétnica y multicultural.

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